Hatuey De Camps, el hombre que no vacilaba

Las palabras “temor” y “miedo” no estaban en el diccionario de su muy productiva vida.

Hatuey era un veterano consumado que había enfrentado con coraje y osadía la persecución política que se desató a raíz de la vuelta al poder del Dr. Balaguer en 1986.

De Camps Jiménez, como presidente de la Cámara de Diputados de la República, había enfrentado las prácticas más conservadoras en el ejercicio del poder presidencial, cuando se atrincheró en ese organismo, dotándolo de independencia plena, por primera vez en toda nuestra historia nacional, al obstaculizar, no sólo la mano larga del Ejecutivo, que nunca pudo interferir en la gestión (1979-1982), sino también la de algunos empresarios mal acostumbrados a sobornar a congresistas para introducir piezas legislativas.

“El Cacique”, como también le llamaban sus amigos más cercanos, había derrotado a Marino Vinicio Castillo (Vincho), en aquel gran debate a raíz del fraude orquestado por el Partido Reformista para las elecciones de 1978, en la que se perseguía desconocer la voluntad popular y el robo de curules en el Congreso de la República.

En su amplio currículo ya venía de enfrentar la reprensión del gobierno de Balaguer en el periodo (1966-1978), época también conocida como “los 12 años”, en donde fue hecho prisionero una decena de veces y también destaca por su papel en la dirección de la Marcha Histórica por el Medio Millón, para dotar a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) de mayor presupuesto.

Hatuey De Camps nos deja una impronta de amor y de lucha sin descanso que ha de servir a las presentes y futuras generaciones para la reconstrucción de toda la nación dominicana.

Por: Héctor Silvestre hijo

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