Los santos han caído de los altares

El jueves 1 de septiembre, el mundo fue testigo de la manifestación llamada la “La toma de Caracas”, la oposición política liderada por la Mesa de Unidad Democrática (MUD), salió junto al pueblo para exigir la celebración del referendo revocatorio con el objetivo de acabar con la administración encabezada por Nicolás Maduro.

Algo insólito, porque el fallecido líder del chavismo, nunca dudo someterse a ningún proceso electoral desde que llego al poder en el año 1998 y hoy todos sus discípulos le temen al referendo como el diablo a la cruz.

También recordar que un día antes el 31 de agosto, pero en Brasil, la presidenta Dilma Rousseff fue destituida de su cargo por el Poder Legislativo por manipular ilegalmente las cuentas del Estado.

Debemos trasladarnos a Nicaragua, donde su primer mandatario Daniel Ortega es ampliamente cuestionado producto de su inminente reelección presidencial.

La cuestión no es que Ortega aspire a dirigir los destinos de su país durante 14 años consecutivos y acumularía 24 años al frente de la cosa pública. El problema es el medio para el fin que es bastante cuestionable.

La situación detonó en Nicaragua cuando el pasado mes de junio la Suprema Corte de Justicia, controlada por el oficialismo, determinó que la representación legal del opositor Partido Liberal Independiente (PLI), le pertenecía al dirigente Pedro Reyes y no al diputado Eduardo Montealegre.

La coordinación del principal partido de oposición pasó así de las manos de quien fuera segundo en las elecciones de 2006, e iba a ser candidato en noviembre, a las de un dirigente considerado afín a Ortega. Esto semanas antes del plazo para inscribir las candidaturas.

Trasladémonos a Bolivia un poco más atrás en el tiempo hacia el mes de febrero del corriente año, Evo Morales fue derrotado en el referendo cuando su país le dijo no a su pretensión de postularse por cuarta vez consecutiva a unas elecciones.

El presidente Evo Morales gobernará hasta el 22 de enero de 2020 y sumará 14 años en el poder.

Después de finalizado el referendo en el cual Bolivia debía decidir si modificaban la Carta Magna para que Morales pudiera optar por otro mandato o no, el 51.30% de los bolivianos rechazaron cambiar la Constitución para posibilitar la reelección en 2019.

No podemos dejar de mencionar el desplome de la popularidad del presidente de Ecuador en el año 2015, Rafael Correa registró una popularidad de 41%, mientras que el 58% desaprueba su gestión, en diciembre, los niveles más bajos desde que asumió el poder, en enero de 2007.

No puedo dejar de mencionar la penosa situación del ex presidente y líder del Partido de los Trabajadores en Brasil, Lula Da Silva vinculado al esquema de corrupción de Petrobras.

Resulta que muchos fuimos engañados por estos gobiernos revestidos de un falso progresismo, pero como nos enseña el refranero, una cosa es con guitarra y otra con violín.

Estos hombres escalaron los resortes del poder con años de luchas contra la “endemoniada” derecha y al final han sido igual o peores.

Pepe Mujica fue el único que comprendió lo vital de la coherencia para ser un líder de izquierda, no exhibe riquezas, ni excesos. Resulta que los demás deberían leer “Nuestra falsa izquierda” de Juan Isidro Jimenes Grullón.

Así como fueron legitimados en las urnas por los pueblos que vieron en ellos un cambio de rumbo, fueron vituperados durante años por ciudadanos que los admiraban por entender que quien los gobernaba era uno de ellos, sin embargo, hoy la realidad ha demostrado que no hubo cambio alguno, sino falsos profetas.

Por; Jesús M. Guerrero

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